Cuidado propio

¿Por qué no me siento valorado y qué puedo hacer al respecto?

Valor propio
Redacción PQEB
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No sentirnos valorados por otros puede hacernos creer que valemos menos o que los demás son injustos o interesados. Pero, realmente, esta sensación puede tener que ver, especialmente, con nuestra historia personal y la forma en que creamos vínculos.

¿Alguna vez has pensado que es muy injusto que mientras eres generoso, tienes siempre buena disposición para ayudar a los demás, te desvives por tu pareja o tus hijos o eres un amigo incondicional, aun así, las personas que más quieres no son recíprocas contigo, situación que conlleva una gran cantidad de emociones negativas, entre ellas decepción, tristeza o ira?

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Pues bien, es importante comprender que el primer lugar a donde debemos mirar si algo así nos ocurre es hacia nosotros mismos. El enojo o la inseguridad que nos causa considerar que los demás no nos corresponden como deberían o no agradecen todo nuestro esfuerzo causa un deterioro en nuestra autoestima, y puede que nos sintamos cada vez más inseguros y dejemos de valorarnos nosotros mismos.

Pero la verdad es que la única arma que tenemos para enfrentar esta situación es comprender dos aspectos centrales en nuestro desarrollo propio: qué es aquello que nos motiva a actuar como actuamos y qué debemos hacer a este respecto.

¿Por qué no nos sentimos valorados?

Muchas veces, creemos que siempre que actuamos, lo hacemos acorde con el cariño o el amor que tenemos para los demás, y nos convencemos de que allí radica la causa única de nuestra generosidad con ellos. Pero no siempre es así y debemos empezar por ahí. Muchas veces el motor que nos impulsa, sin saberlo, es otro.

Gran parte de los estudios sobre la Teoría del apego (Bowlby y Ainsworth, por mencionar algunos) han explicado los efectos de una crianza inadecuada en la vida adulta. Este enfoque de la psicología supone que cuando se ha establecido un vínculo de apego inseguro las consecuencias permanecen incluso en nuestras relaciones durante la adultez. Es decir, si crecimos inseguros respecto al afecto o atención que podíamos recibir de nuestros padres o principales acompañantes, posiblemente allí aprendimos a intentar, por todos los medios, a obtener y mantener atención y aprecio. 

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Esa actitud y conducta aprendida suele manifestarse en el tipo de vínculos que establecemos con nuestros amigos o pareja ya siendo adultos. Por lo tanto, es frecuente el temor al abandono o al rechazo, el abandono de las propias necesidades o deseos por complacer a otros o el miedo a no sentirse queridos. Entonces, lo que creemos que damos por cariño o amor, muchas veces no es una entrega desinteresada, sino una que busca recibir algo de vuelta. Esa entrega no sería genuina, sino que partiría de un temor o una angustia causada por aquella conducta que tuvo origen en el vínculo formado en la infancia, defectuoso, y que nos enseñó a relacionarnos de forma equivocada. 

¿Qué debemos hacer?

Así, no sentirnos valorados puede deberse a que, dada esa inseguridad temprana que aprendimos, no nos valoremos a nosotros mismos. Pero eso tiene solución, porque el valor propio no depende de cuánto recibimos de los demás, sino de aquello que no recibimos y hemos, incluso, aprendido a dar. Nadie da de lo que no tiene, y, si hemos dado, no cabe duda de que tenemos en cantidad y que nuestro valor es mucho. Solo que a veces no lo vemos. ¿Qué es el valor propio y por qué es importante?

  • Enseñar a los demás: Debemos saber también que cada cosa que hacemos enseña a los demás cómo nos deben tratar. Por lo tanto somos quienes decidimos nuestro valor y se lo enseñamos a los demás. Cuando somos excesivamente complacientes, estamos siempre disponibles para los otros o damos de más, les comunicamos que nuestro tiempo no es valioso, que nuestras opiniones no importan o que están por encima nuestro. Estar conscientes es, sin duda, de gran ayuda. 
     
  • Amor propio no significa egoísmo: Y no solo es válido sino que es saludable considerar nuestro bienestar en primer lugar. Y la mejor manera de valorarte es comprender tus deficiencias, las heridas de infancia, trabajar en comprenderlas y sanarlas y, a medida que esto ocurra, empezarás a ver cuán importante eres y lo mucho que vales.
     
  • Nunca dejes de escucharte a ti mismo: esto es esencial para comprender lo que quieres, lo que necesitas y lo que debes aprender para satisfacer tus necesidades y deseos. En consecuencia, aprenderás a decir no y a poner límites en tus relaciones

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