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La importancia de la inteligencia emocional en nuestras relaciones: cuatro claves para mejorarla

Inteligencia emocional
Redacción PQEB
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Quizás hayas escuchado antes sobre la “Inteligencia emocional” (IE), que suele explicarse como el conjunto de capacidades que tiene una persona para gestionar de manera óptima sus emociones, en búsqueda de una vida más plena. Te contamos de qué se trata.

El concepto de “inteligencia emocional” ha ganado popularidad en distintos ámbitos, sobre todo desde que Daniel Goleman publicó, en 1995, su libro homónimo. Sin embargo, la propuesta de Goleman se enmarca dentro de un planteamiento más amplio, el de las “inteligencias múltiples”, desarrollado en los años 80, entre otros, por Howard Gardner, investigador de la Universidad de Harvard.

Para este académico norteamericano, una inteligencia no se limita a un conjunto de capacidades determinadas sino que enmarca una amplia red de conjuntos que se relacionan entre sí. Uno de ellos sería la llamada “inteligencia emocional”, que se conectaría con las otras inteligencias, como la lógico-cognitiva, siempre en relación los entornos sociales.

En ese sentido, la Inteligencia emocional no se trata solo de contar con ciertas habilidades o competencias sino de comprender que dicha inteligencia es un proceso, y que se desarrolla de acuerdo con los tipos de vínculos afectivos que hemos establecido en nuestro desarrollo personal.

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¿Cómo la inteligencia emocional me ayuda a vivir mejores relaciones familiares y laborales?

Quizás el primer paso para desarrollar nuestra inteligencia emocional sea analizar los tipos de vínculos que hemos desarrollado a lo largo de nuestras vidas, y las habilidades que ellos nos han permitido fortalecer o no. Al respecto, existen numerosos estudios gracias a los cuales se establece que, por ejemplo, una persona que contó con un entorno solidario a nivel emocional en su infancia, probablemente sea un adulto con una gran capacidad de empatía; o, si durante la niñez, creció en un contexto que favoreciera la reflexión propia, esa persona seguramente, en su adultez, cuente con facultades de autoregulación, etc. 

Lo anterior nos permite comprender no solo que las habilidades propias de la inteligencia emocional nos ayudan a vivir mejores relaciones (lo cual sabemos de antemano), sino que el tipo de relaciones que hemos establecido durante nuestro crecimiento son las que nos facultan de inteligencia emocional. Por eso, comprender los vínculos que establecemos nos ayudará a desarrollar dicha inteligencia. Y ojo, como todo proceso, es algo que lleva tiempo y paciencia. 

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Todos estamos de acuerdo en que la empatía, la autorregulación, la motivación, la conciencia de uno mismo, el no juzgar a los demás, el hablar menos o expresarnos con asertividad son conductas que nos favorecen en todas nuestras relaciones personales, tanto en nuestro entorno familiar como laboral. Sin embargo, cada una de estas habilidades no se adquieren de un día para otro, sino que se forman de la mano con nosotros, como vimos, desde que somos niños, y debemos aprender a analizar en qué medida dichas habilidades están presentes en nuestras relaciones. 

Cuatro claves para mejorar nuestra inteligencia emocional

Si, como hemos dicho, las habilidades asociadas a la inteligencia emocional tienen que ver con los tipos de vínculos afectivos y la forma como establecemos relaciones emocionales con los otros, las siguientes pueden ser algunas claves para lograr desarrollar, de manera más óptima, nuestra IE:

  1. Prestar especial atención a cómo te relacionas con los demás: identificar cómo nos vinculamos con nuestros amigos, jefes, familia, pareja, y comprender nuestro roll en cada una de esas relaciones ayudará a conocernos mejor y a saber sobre cuáles son nuestras habilidades emocionales.
  2. Ser conscientes de nuestras reacciones y conductas: es importante tratar de entender de qué manera reaccionamos en determinadas situaciones con los otros para comprender cuál o cuáles de las habilidades asociadas a la inteligencia emocional debemos fortalecer.
  3. Realizar un registro personal: haz un esfuerzo por revisar los tipos de vínculos que has establecido desde joven (seguro, ambivalente, evitativo, desorganizado), tanto a nivel familiar como con otras personas. Intenta analizar también las emociones que este ejercicio personal te permitan comprender, lo cual te ayudará a descubrir qué tipo de habilidades emocionales debes robustecer.
  4. Implementa un plan de acción con tus debilidades: si has ido trabajando en los pasos anteriores, la identificación y comprensión que lograste te permitirá desarrollar vínculos sanos y, en consecuencia, habilidades de la inteligencia emocional en los distintos entornos en que te relacionas.

No hay que olvidar que siempre el camino del descubrimiento y el análisis propio nos lleva a encontrar bienestar para nosotros y para quienes nos rodean, por lo cual vale la pena recorrerlo.

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